06 de Diciembre de 2011
Por Elena Poniatowska, publicado en La Jornada el 4 de diciembre de 2011.
"De jugar entre gallos y cochinos en un pueblo sin corrales ni bardas entre la montaña y el mar, Javier Martínez Pedro, pintó a un niño que tuvo que emigrar a Estados Unidos como tantos otros mexicanos para quienes la única salida es irse. En su tierra, el niño jugaba a esconderse detrás de las palmeras, ayudaba a su padre a cargar las sandías, el terreno era suyo aunque no lo fuera, el sol y la felicidad estaban allí a la vuelta del surco. Al pasar del otro lado descubrió la llamada modernidad y la discriminación en la calle, en el campo y en las grandes tiendas de autoconsumo..." Leer opinión completa.
